Lo de la bomba, literalmente era cierto. Al llegar a la Terminal 4 nos topamos con que ETA había roto la tregua con el gobierno de Rodríguez Zapatero. (¿Tiene algo que ver este apellido con López Obrador?) El caso es que uno de los estacionamientos estaba desplomado y murieron dos ecuatorianos en el ataque. Algunas de las puertas estaban cerradas, y tuvimos que salir del aeropuerto luego de pasar por un corredor aglomerado. Llegamos al departamento de mi hermana y al instante corroboré algo horroroso: su departamento es mucho más grande que el mío. Después descubrí algo peor, pagan bastante menos que nosotros. En general mi estancia en Madrid me hizo ver que a pesar de que tienen la misma moneda, París es más caro en sus restaurantes, en los servicios, en las cervezas… y eso que se supone que ahora España se ha encarecido.
Ese día en la noche celebramos el año nuevo en el departamento de mi hermana con algunos amigos de ella que vinieron al departamento. Otra diferencia notable entre París y Madrid; en el departamento de mi hermana no hubo vecinos que salieran a pedorrearnos porque hacíamos mucho ruido en la noche.
En los siguientes días logré combinar el estudio con el turisteo, pues me llevé una odiosa tarea para las vacaciones con el paseo. Ana fue con mi hermana a algunos lugares que yo ya conocía, y yo me quedaba estudiando. A veces, cuando salían temprano a algún museo, yo me volvía a dormir hasta tarde, pero a Ana siempre le dije que estaba estudiando arduamente. No me vean así. Eran vacaciones, y no hay cosa más apropiada que hacer las maquinaciones necesarias para dormir bien y largo. Moralmente no es reprehensible mi conducta. La teleología de las vacaciones es el descanso, y el sueño es la mejor forma que conozco para combatir la fatiga.
Algunos de los lugares que sí visité fueron el foro sol, el cine, el museo Thyssen, al cual no había ido, y constaté que es una verdadera joya. Casi hasta podría afirmar que me gustó más que el museo del Prado. Pero bueno, pongo el casi porque prefiero evitar que me señalen con el dedo. En realidad el museo vale bien la pena una visita. Desconozco las razones por las cuales no goza de mayor fama. Una buena teoría es que no tengo idea de qué museos gozan de buena fama. Otra es simplemente pensar que la fama apesta. ¡Tanta gente famosa que aborrezco! Además del museo, nos paseamos por el parque el retiro, en donde vimos un precioso pájaro carpintero color verde con la cabeza roja, y constatamos que hasta las urracas son bonitas en Madrid. En lugar del tradicional plumaje todo negro, acá visten con el pecho blanco, lo que les da un poco de caché. Las desdichadas aves, en lugar de parecer una paloma sumergida en petróleo, dan el aire de vestir esmoquin. Ahí en el retiro caminamos por unos puestos navideños y nos metimos a un patinadero de hielo. También pasamos por el palacio de cristal, que entre sus vidrios más altos refractaba haces de luz color azul, verde y amarillo. El sol se ponía por detrás. Ahí también vimos a un hippie que traía libreta y pluma en mano y con una guitarra parecía estar componiendo al atardecer. Lo que seguramente habría sido un éxito de canción fue interrumpido por un gendarme que le pedía levantarse del jardín en donde estaba sentado, pues ahí estaba prohibido según debía interpretarse de forma clara con la existencia de un barandal. Otros de los días en Madrid fuimos a ver el palacio real y la catedral de la Almudena. No fuimos a las Ventas a ver el deporte taurino que tanto le gustaba a Hemingway porque estamos en contra de lo que en esas plazas realizan. También porque no era temporada.
En la noche acudimos a un restaurante de tapas que se llama Lateral y disfrutamos de diferentes delicias: chistorra, jamón serrano, chiles toreados (que acá tenían un nombre más sofisticado), camarones, croquetas y otras cosas.
Uno de los días nos fuimos a pasarlo en Toledo. Tomamos el metro hasta la estación Méndez Álvaro y ahí tomamos un autobús. Mientras hacíamos la fila para comprar el boleto y ante el desánimo del grupo, me despegué unos instantes sólo para regresar con una muy agradable sorpresa para todos. En la puerta de la estación me había encontrado a un tipo de bigote tupido, de boina y que portaba una chamarra con el nombre de un negocio: Instalaciones Eléctricas Alfredo Martínez. Convencí a mi cuñado, Alfredo Martínez, de que me acompañara para compartir mi grandioso descubrimiento. Al verlo se regocijó como si los Tigres golearan en un clásico, y posó a un lado de él mientras yo le tomé la foto del recuerdo. En Toledo pasamos un día agradable. Visitamos la catedral que es vertiginosamente vertical y vespertina vestida vengadora vendetta (ya se me acabaron las palabras con v). Luego entramos a ver el entierro del Conde de Orgaz ( con ese nombre, seguro la pasaba bien en vida) y nos paseamos por el pueblo. Vi unas de las espadas que necesitaba para mi colección que aún no empiezo. Todos me vieron con cara de reproche y sin decir nada me preguntaban que cómo pensaba transportar eso a mi casa. Sin decir nada tampoco contesté que tenían quizá razón pero que las espadas no dejaban de ser bonitas. Están chidas, me limité a proferir mientras un vendedor refunfuñaba porque las saqué de su funda.
Una cosa más que hicimos en Madrid fue acudir al espectáculo musical de Nacho Cano donde un grupo canta y baila estilo boyband todas las canciones de Mecano. La historia era pésima y podría haber sido escrita por un niño de 13 años. La coreografía era bastante buena, e incluso me sucedió que por primera vez en una obra musical del tipo, identifiqué a una bailarina que no era muy atractiva (había otras que sí lo eran) y la seguí durante casi toda la obra por lo bien que bailaba. Incluso hacía algo de pop-n-lock. Aunque la pasamos muy bien, estuvo un poco caro y bastante largo. El espectáculo duró cuatro horas, y mi nalga izquierda se durmió desde poco después de la mitad. Al final del show, me daban ganas de seguir cantando el título de la obra: hoy no me puedo levantar. No sé si era la euforia de escuchar las canciones de Mecano, o era el letargo clínico al que había sometido a mi trasero. Al salir me di cuenta de que desgraciadamente, se aprovecharon del éxito del pasado de Mecano para ahora volver a hacer exitosa una obra mediocre. La conclusión: las canciones de Mecano son muy buenas.
El regreso a París fue aterrador porque nuestro vuelo salía como a eso de las 6:00 de la mañana. Pusimos el despertador a las 3:00 y el taxi llegó por nosotros a las 3:30. Aguantamos las horas de aeropuerto, pero sin la comodidad de tienditas y revisterías abiertas. Me subí al vuelo y tuve la fortuna de que me tocó un niño encantador a un lado. Hacía un ruidito que sonaba igualito al tanque felino cuando Panthro lo arrancaba, mientras movía un monito como si tuviera un cohete en la espalda. Lo malo es que ese ruidito no dejó de hacerlo cada 10 segundos durante la hora que estuvo el vuelo estacionado en la pista. Cuando despegamos parece que el niño se asustó y yo me regocijé. Hora y media más tarde me desperté asustado con el aterrizaje no muy ortodoxo del piloto. Solté un brevísimo alarido que por fortuna no fue muy fuerte y me prensé de los descansabrazos. Por unos segundos, cuando me despertó el aterrizaje yo juraba que el avión iba inclinado, con una ala rozando el suelo, y que ya todo valió madre. El gritito que me aventé lo contuve casi a tiempo, y luego seguí haciendo ruidos como bostezos para disimular mi efímero terror. Al final, me esperaba otra vez París, y mi casa, todavía sin frío.
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2 comments:
Buda, el nombre correcto de aquel tanque que Pantro manejaba de forma experta es "el cubil felino". Cubil no suena tan intimidante como tanque, pero si suena tan irritante como aquel mocoso que describes.
Nelson, el cubil felino era la guarida de los thundercats. El tigre/casa que levantaba una pata para que saliera la nave felina o el tanque felino.
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