Tuesday, February 20, 2007

Paris V

Ha pasado ya el primer mes del año 2007 y han pasado bastantes cosas en París y los alrededores. Llegando de Madrid me enfrenté a la difícil situación mental de tener que enfrentar los exámenes por un par de semanas. Algo nada agradable. ¿Por qué no se inventa una mejor manera de calificar el progreso de los alumnos? Eso de los exámenes quizá sea una de las razones por las cuales mucha gente aborrece la escuela. Lo someten a uno a una presión desagradable. Es para prepararlos a la presión que enfrentarán en el trabajo, afirmarán algunos. En el trabajo siempre habrá presión, angustia, "estrés"... recuerdo la frase de Peter Pan que renegado a crecer pregunta lleno de terror "¿y tendré que ir a la oficina?". Voy uniendo las piezas y voy comprendiendo por qué el terror al trabajo. Maldita la mujer que mordió la manzana. Y luego aqui viene otra frase con connotación sexista. Echarle la culpa a la mujer, ella es la que nos trae la tentación. Y ¿qué necesidad de culpar a la mujer con tantos hombres tan canallas en el mundo? Acabo de leer que Isabel Allende dice que las mujeres son más trabajadoras, tienen mayor vocación al servicio público, y menos corruptas que los hombres. Lo dijo a propósito de la presidencia de Bachelet, y las posibilidades de acceder a la presidencia de Hillary en Estados Unidos y Segolene Royal en Francia (no creo que Segolene vaya a ganar). Dice que la gente se ha dado cuenta de que las mujeres son menos corruptas. Luego de un poco de reflexión, entiendo que las mujeres ataquen diciendo que son mejores para esto o lo otro; pero ¿no es esta diferenciación "natural" de los carácteres de hombres y mujeres lo que tanto a solapado la discriminación? ¿No se quedaba la mujer en casa por que "es mejor para cocinar, trapear", "son más ordenadas" o porque "no saben del trabajo duro"? Si bien es cierto que los hombres hemos reiteradamente demostrado ser bastante buenos para eso de la corrupción, no creo que esa distinción de mujeres/hombres convenga. Hablemos de las personas que están al frente y sus capacidades, dejando de lado el tema de su sexo. Además el sexo, como que cada quien lo hace con quien quiere y las veces que quiere ¿no?
Volviendo un poco a lo que me ha sucedido en París, después de tener exámenes escalofriantes, algunos previsibles, otros no tanto, creo que he salido avante, aunque mis calificaciones saldrán hasta dentro de un mes (la burocracia francesa). Tuve la oportunidad de ir a visitar el pueblo de Chartres, tomé con Ana el tren de la 1:18, y lo abordamos de la Gare de Montparnasse a la 1:17:57. Cuando compramos los boletos, el vendedor casi nos aseguro (yo lo tomé como reto) que tendríamos que tomar el siguiente tren que salía hasta las 3. Derrotamos al tiempo corriendo entre la gente que parecía anclada con pereza y llegamos al andén cuando las puertas se empezaban a cerrar. Nos subimos todavía sin estar completamente seguros de que fuera nuestro tren, pues normalmente hay tiempo para revisar dos veces que el número de la vía corresponda con la destinación deseada. No tuvimos ese lujo, y hasta que vinieron a revisar nuestros boletos supimos que íbamos bien. El viaje en tren fue entretenido. Pasamos a un lado del castillo de Versalles, que en invierno, con mucha de la flora del jardín seca se ve diferente. En el campo vimos la primera nieve. Muy poca, pero ahí estaba, sobre los techos de dos aguas que se repiten en Francia. Llegamos a Chartres a eso de las 2:30 ya con bastante hambre, y con una temperatura de -2 C. Nuestro primer impulso fue buscar un restaurante. El primero al que llegamos que se veía bastante acogedor ya no permitía comensales por la hora. Encontramos un bistró francés típico donde comimos algo promedio. Después nos dirigimos a la Catedral que yo no recordaba tan bella. Tiene un leve parecido a la fachada de Notre Dame, su estilo gótico y su cantera blanca son similares. La diferencia es que una de las torres termina en pico y la otra parece terminar en algo entre chato y pontiagudo. En Notre Dame las torres son chatas por arriba como una torre de tablero de ajedrez. Por dentro, la catedral de Chartres tiene unos vitrales impresionantes, sólo superados quizá por los de la Saint Chapelle. Vimos con detalle algunas de las esculturas y la estructura de la iglesia, tomamos algunas fotos, y salimos. Preguntamos qué más podríamos hacer en Chartres a algunos locales, y no sugirieron un museo de la agricultura. Respetuosamente, y sin contestarles que eran unos idiotas, decidimos que eso no nos interesaba. Caminamos por algunas calles aledañas a la iglesia, compramos unos chocolates buenos, pero caros, y nos regresamos a la estación de trenes. Ir a Chartes es ir a una iglesia. En el pueblo no hay mucho más. Sin embargo, el viaje, vale la pena.
De regreso en París fuimos a diversos eventos culturales. El primero de ellos fue un concierto de tributo a Queen. Fuimos Ana y yo acompañados de otros tres amigos. Por fortuna compramos boletos de la parte de atrás que eran más baratos. Desde nuestros asientos, el impostor parecía idéntico a Freddie Mercury. Se movía con la misma elegancia y se vestía con la misma falta de gusto. Al principio, el concierto empezó un poco acartonado y la sensación de que eran unos cantantes de tributo era patente. Después de tres canciones, el cantante invitó al público a acercarse hasta enfrente, y nosotros avanzamos todo el lugar y nos colocamos adelante de la primera fila de asientos. Desde ahí pudimos ver que el bigote era falso, el pelo lo traía pintado, y que en el fondo "freddie" era un inglés güero que no se parecía tanto. Sin embargo sus movimientos, y sobre todo su forma de cantar evocaban casi de manera perfecta al cantante de Queen. Estando entre multitud y a unos metros del escenario el concierto se sintió mucho mejor, y por ahí de Bohemian Rapsody yo olvidé que se trataba de un tributo. Alcancé a chocar mi mano con la de Freddie y por un instante me sentí contento. Después me limpié el sudor en la camisa de la persona de enfrente. Salimos muy contentos del concierto, pues vendían cerveza y tocaron la mayoría de las buenas canciones de Queen. Acaso faltó Bicycle race. Los perdono.
Otro espectáculo que fuimos a ver, esta vez sólo Ana y yo, fue una obra de teatro a la Comedie Française, un teatro que existe desde 1680 y donde Moliere presentaba sus piezas. Queríamos boletos para ver el Cyrano, pero estaban vendidos por varios meses, y decidimos entrar a ver una obra de Lope de Vega (en francés) que se llama Pedro et le Commandeur. El edificio esta impecable. La sala guarda una decoración antigua de muy buen gusto y se sentía majestuosa. La obra fue bastante buena, y la dirección de un clásico, con elementos de teatro moderno, nos dieron para una muy agradable sesión.
En París hemos visitado un montón de lugares y restaurantes, pero Ana no se conforma. Aterrorizada porque en unos meses dejaremos la ciudad de la luz, se propuso hacer una lista exhaustiva de los lugares a visitar. Entre restaurantes, museos, y otros sitios de interés parece que tendremos un segundo semestre ajetreado. Ya por lo pronto este mes fuimos al museo de Quai Branly, que es mejor como edificio que como museo. Vimos ahí adentro piezas de todo el mundo y a mí no me quedaba claro si la pieza que tenía enfrente era de Dakota o de la India. Otro día fuimos a la iglesia de la Madeleine y luego a Saint Sulpice, donde vimos una nota aclaratoria que desmentía lo dicho en el Código da Vinci. Fuimos después a la tumba de Napoleón y al museo de Rodin entre otras cosas. Aveces yo me arrastraba como molusco sin su concha. En una de nuestras deambulaciones turísticas nos tocó ver una huelga, que según vi en la contraportada de un libro, es el segundo deporte nacional de los franceses, después de la petanque. La petanque es un juego de canincas que se juega con pelotas tipo la bala que lanzan en las olimpiadas. Los viejitos con boina juegan y apuestan en todos los parques disponibles. Avientan primero una pelotita chica, y luego con las "balas" juegan a ver quien queda más cerca. Se puede mover las pelotas del contrario para alejarlas del objetivo. Cuando hay cagada de perro, -como es frecuente en París- la dificultad es avanzada.
Los fines de semana seguimos con la actitud de hacer fiesta y pasarla muy bien. Volvimos con guitarra a cantar bajo la torre Eiffel. Saliendo de un antro en Champs Elysee, fuimos a buscar un lugar donde comer. Pizza Pino acababa de cerrar. En el camino todavía cargábamos la euforia de la fiesta y cantábamos por la banqueta. De pronto un grupo de señoras libanesas se unieron a nuestro canto y se tomaron fotos con nosotros. Les sugerimos hacer una tabla gimnástica. No entendieron muy bien a qué nos referíamos, y nos conformamos con una pirámide humana. Yo era uno de los de a mero abajo. Cuando se fueron después de tomarse sus fotos comentamos que las pobres debían andar muy tomaditas. Luego se me ocurrió que hacer un "split" en medio de la avenida sería una buena idea. Tomamos una foto, y la evidencia demuestra que no soy un buen gimnasta. Hice la hazaña de intentar el split varias veces más y después me enfrenté en un "danceoff" a un amigo que me retó. Comenzamos con bailes sencillos, pero elegantes. De pronto él sacó taltento y se agarró el pie izquierdo con la mano derecha y saltaba con la otra pierna hacia adelante y hacia atrás sin soltar su mano del pie como si fuera una cuerda para saltar. Yo no podía competir contra eso, no podía arriesgar a intentarlo, pues un tropiezo sería mi tumba en la competencia, además imitar la movida del contraincante nunca es bien visto, a menos que puedas hacerlo con mucho más estilo. Lo que hizo era equiparable a sacarse el calzón sin quitarse los pantalones. No quería lastimarme, pero decidí echar toda la carne al asador y me tiré al suelo, acostándome de lado. Comencé a patalear con mucha rapidez y todo mi cuerpo empezó a girar. Di varias vueltas sobre mi propio eje como la tierra (movimiento de rotación, examen de geografía 5to grado). Con esa movida sencilla pero original, logré el alarido del público, los aplausos, y la aprobación. Vencí el talento con la creatividad. Cuando me levanté, mi chamarra estaba un poco sucia de la manga derecha y en el público había un poco más de gente que mis amigos. Me sonrrojé un poco, me sacudí el brazo como si nada hubiera pasado, y nos fuimos al pomme de pain a comer un sandwich. Luego fuimos por vino y la guitarra y continuamos cantando bajo la torre Eiffel junto a los militares. Esta vez no aguantamos al amanecer. Al día siguiente me levanté con moretones en las rodillas y un desgarre inguinal causado por los intentos de "split" y reconfirmé que la gimnasia no es lo mío.

No comments: