Bueno, comienzo por el principio. Este sitio ha sido creado para escribir, subir algunas cosas, y sentirme publicado. Espero que no haya censura en esto de los blogs (¿como traduce uno "blog" al español? Suena muy pinche gabacho eso de andar dicendo blog, bloggero y el arte del bloggeo), porque de ser así, seguramente sería vetado. Todos los buenos escritores cuentan cómo su libro fue rechazado por al menos 43 editoriales antes de que alguien lo considerara para su publicación.
Hoy, los sigloveintiuneros gozamos de la facilidad del Internet. Ese sitio que casi no existe. Uno puede publicar, y lo único que revisa el contenido de las cosas que escribe es una maquinita que cambia las palabras soeces por signos como estos "#$!@%. Lo bueno es que esas pinches máquinas sólo hablan inglés, y entonces uno puede decir puto, y no p"$#. Vaya victoria sobre los gringos que cada vez que quieren decir "fuck", se publicará F"@$. Bueno, regresando al tema, sobre el sitio este que casi no existe. ¿Dónde demonios está el internet? ¿Cómo le hago para destruirlo, o al menos destruir dos o tres páginas que son ultrapinches? Maldito internet, maldita entidad metafísica. El punto no era hablar sobre el internet, sino sobre esta "ventaja" que es poder publicar sin censura. Por un lado, tengo razón, aquellos brillantes escritores que sobrepasan sus generaciones no tienen que ser filtrados, y molestados por los editores que tienen mente de corcho, o de una réplica exacta del cobre corroído. Pero por otro lado, mis bellas páginas van a estar sumegidas entre toneladas de basura. Cuando veo toda la mierda que hay en internet, a veces pienso que los censores sí tenían una función importante en el mundo. Mejor que sea difícil. Aunque bueno, habiendo visto toda la basura publicada por editoriales que de niño creía que eran serias (como Diana o Plantea) me considero más que apto para escribir en un sitio público. Así es que este sitio lo usaré para escribir pendejadas que me pasen, para publicar cuentos para que lo lean 2 ó 3 personas a las que forzaré a leerlo y luego les pondré un examen de comprobación. Eventualmente subiré unas fotos chidas que pueda haber tomado, etc. En fin va a ser como algo que le diga al mundo que en Monterrey, entre los millones de imbéciles que hay. Existe un procer que podría ser mundialmente aclamado, pero cuya modestia y hueva le han hecho recluirse a este pequeño rincón en ese sitio que casi no existe. Si algo les gusta de este lugar, sugiero lo impriman en tinta indeleble, aunque sea en su cerebro, porque de lo contrario, podría perderse para siempre. Con el ego inflamadísimo termino estas tristes líneas, y con una frase que -gracias a un pésimo actor (ahora peor gobernador)- era muy usada cuando yo era pequeño: "I'll be back".
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